… estar escribiendo aquí ahora. En 4 horas más debo levantarme (pero primero debo acostarme) para ir a la u. Y mañana tengo el segundo, de dos examenes. Quiero que puro sea jueves, después del examen, para ser feliz. Por mucho rato. Feliz.
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Sé que no debería
Prejuiciosa
El miércoles fue mi primer día de clases universitario (el martes era la bienvenida en el Campus San Joaquín, pero fui, esquivé a mil gente bonita y alegre, buscando un nosequé, me apesté y fui a retirar mi snack (juraba que sería como el “tentempié” del refrigerador de Los Sims, pero resultó ser un pan del molde triangular con doble queso-jamón y una bebida), hice hora y fui donde la Verín), y me cargó. No la clase que tuve, ni los profesores y gente importante que había, me cargaron mis compañeros.
Sabía que en la uc la mayoría es gente abc1, pero tenía esperanzas de que tendría compañeros del pueulo. O que se ubicaran por los lugares que yo conozco. Pero cuando tuvimos que presentarnos, y al escuchar de qué colegios y comunas venían la mayoría (dejando dificilmente de lado sus características físicas y cómo andaban vestidos) me desesperancé y me bajó todo el prejuicio. Y me sentí rara. Y quise llorar, porque siempre le he tenido miedo a los cuicos. Sí, soy prejuiciosa y eso es malo.
Sé que no debo hacerlo, pero siempre es más fácil relacionarse con gente como uno (no podría dividir más a la sociedad yo), y como soy un tanto antisocial, hago lazos con bien pocas personas. Por eso ahora quería estar más abierta, no necesariamente formar lazos de amistad con la gente de la universidá, pero tener “conocidos” para ponerlos en facebook, o con quiénes hablar cuando me aburriera en msn. Pero ni siquiera he hablado con todos mis compañeros, debo haber conversado con unas 5 ó 6 de cerca de 100, y sólo una que me cae realmente bien y que hemos pasado más tiempo juntas (la muy merme faltó a la primera clase y tuvo la tincada de hablarme, ahora somos dos antisociales). Y es que sus expresiones y actitudes me frenan a querer tener las ganas de conocerlos, o son muy populares y no los soportaré, o muy lindos y me afearé inmediatamente si me acerco, o tienen esa cara de cuicos pesaos miradores en menos que dan cuco (hay que agregar al carrito de defectos una gran cuota de inseguridad). Además, no estoy obligada, por el momento, a hablarles, ya cuando tenga que hacer trabajos con ellos me despojaré de mis prejuicios (o trataré).
Mmm, suena bien feo todo esto. Pero en realidad eso de los compañeros es sólo una parte de mi nueva vida. Hay cosas muy lindas: un profesor es un Juanín que se ríe por todo, la Natalia Del Campo hace clases en la facultad (lástima que no seguiré periodismo), hay una máquina de café que al parecer no es cara, en la biblioteca hay videos y películas y se pueden ver ahí mismito, no hay pastito pero la Casa Central es súper vieja y eso es choro, queda en el centro (me gusta el centro, hay muchas cosas, y me agrada que en algunas partes no haya naiden y justo al lado esté lleno), y nos han alimentado. Lo otro bueno es que salgo temprano, pero lo más malo es que ya tengo fechas para pruebas y creo que se vienen cabezonas.
Los números lo controlan todo
El Lunes 22 entregaban los resultados de la PSU (prueba de selección universitaria) y como toda chiquilla que rindió ésta cosa a principios de mes, estaba nerviosa (ansiosa) de saber cómo me había ido.
Ya a las 23.30 hrs del Domingo me sentía como cuando era más pequeña y con mis primos y uno que otro adulto, íbamos a recorrer las calles en busca del viejito pascuero a pocos minutos de ser 25 de Diciembre (eso lo haré hoy también, pero no sentiré lo mismo). Y llegó la 0.01 y no se me abría la página. Terminé viendo mis puntajes como a los 20 minutos después… y, aunque no me fue para nada mal, en un principio no estaba tan contenta. Con 706.7 ponderado para lo que quería (sobre 69.7 puntos en relación al último matriculado del 08′) postulé en ese mismo momento, total, ya lo tenía decidido. Pero aún así, con esas maravillosas cifras, no me alcanzaba para la beca interna que me cubriría todo. O sea, no terminaría estudiando totalmente gratis.
Y viendo todas las posibilidades de financiamiento de mis futuros estudios, me queda sólo esperar que me otorguen becas del estado que no cubren el 100%, pero lo restante sí lo podría cubrir otra beca interna de la Universidad. El requisito es estar entre el 20% de los puntajes más altos que ingresen a la carrera. Espero que ingresen puros bajo 700 y estoy da’.
Y eso. He estado ocupada viendo zapatos en cual zapatería se me cruzaba por delante, por los lados y por detrás. Me costó encontrar porque quería sin tacos, medios cerrados, en rojo (luego negro) y número 35 (yo juraba que era 36, pero no, al menos para los zapatos soy 35 y hasta 34 a veces). Lo bueno es que ya compré unos lindos, baratos y que me quedan relativamente bien, además el vendedor era re-lindo, sonreía, era amable, un amorsh. Lástima que no volveré a comprar zapatos.
siga el ejemplo