Afuera de la tienda de zapatos en la que me encontraba había un viejecillo con un puesto de dulces. Cuando estaba saliendo de la tienda (entré a vitrinear solamente, no compré nada), escuché la voz del Mauro que me decía “Hola, Pamela”. Y no provenía del Mauro (no de su cuerpo), sino que del viejecillo de los dulces. No me sorprendió mucho, y fuí hacia él, lo abracé y le pregunté cómo estaba, y dónde estaba su cuerpo. El Mauro me respondió que su cuerpo, por el momento, lo tenía el viejecillo (duh, es como lo obvio). Yo me preocupé porque ¿Cómo puede estar seguro de que el viejecillo no hará algo raro con su cuerpo?, pero no le dije nada. Después atendió a una niñita que le quería comprar algo. Mi mami me estaba esperando a un lado, y le expliqué que era el Mauro. Tampoco pareció sorprenderse mucho. Creo que no era primera vez que lo hacía.
1 comentario por mucho
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Loca, deja de leer los cuentos de Woody Allen mejor… le diré a Mario que te de una hora para que puedas contarle tus sueños locos… no te preocupes, te iré a visitar al Peral.
Comentario por Caco 14 Junio 2009 @ 18:40