Era de noche y cruzábamos con la Carli la calle donde está la casa en donde vivo. Ahora, en este sueño, me doy cuenta que cada vez que soñaba con esa calle, esos negocios, ese paradero, esas casas vecinas y esa panadería de al frente, estaba soñando con el barrio de la casa. La panadería de al frente dejó de serlo hace quizás diez años. Íbamos a la casa de la Carli, y las casas no estaban en el suelo, eran como palafitos. Debíamos subir a ellas, pero a través de uno de esos juegos de parque: con escalerita, puente, resfalín y otras porquerías más. Para la Carli le fue re-fácil subir (claro, si ella vivía allí), pero por más que lo intentaba yo, no podía, el juego temblaba y yo me caía. Lo intenté como tres veces. Lo primero, era subir una escalera, pero no sé que onda yo (o la escalera), que debía subirla de espalda. Así era más fácil según ella. Nunca lo logré.
Después de un rato aparecieron dos tipos: uno (C.E.) y otro. Uno fue a ayudarme y subí. Quizás pasó un rato, porque después estaba abajo y con él. Uno no me conocía, fue de puro amable a ayudar. Tenía el pelo más largo que antes. Yo lo abracé. Le habían borrado la memoria.
Igual no serviría.
siga el ejemplo